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Triana Botaya, desde México con amor y talento

Conversamos con Triana Botaya, bailarina solista del Ballet David Campos y profesora de la Escola de Ballet David Campos

Por Maria Doval

Triana Botaya López no solo captó inmediatamente nuestra atención por su belleza y cualidades como bailarina, sino que además, representa la realidad de muchas personas que como yo, también provenimos de la inmigración española en el exterior, y que tenemos una particular visión del mundo por nuestras experiencias familiares y personales. Proceder del extranjero tiene dos aspectos, por un lado, eres tan español al igual que los demás, pero por otro, contamos con una especial percepción de la hispanidad en un sentido amplio y universal, y posiblemente con una mayor capacidad de asimilar, incorporar y fusionar variados matices culturales desde una perspectiva más vasta y diversa, logrando consitutuir una dualidad de vinculación y pensamiento entre América y el viejo continente. Esta virtud de discernimiento – por llamarlo de alguna manera – resulta muy valiosa y estimable cuando la persona en cuestión es un artista.

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Triana Botaya. Fotografía de Marta Arjona / Danspxl

Triana Botaya es nacida en México, nieta de refugiados españoles, y comienza sus primeros pasos en la danza a una edad muy temprana, con apenas dos años. Un casual encuentro con el ballet El Lago de los Cisnes le hace pensar muy prematuramente que su futuro está en la danza clásica y es apuntada a estudiar en una escuela de técnica cubana. Más tarde, comienza formalmente su carrera en la Escuela Nacional de Danza de Bellas Artes de México, y luego es becada para terminar los últimos tres años de su carrera de bailarina en la Escuela Nacional de Ballet de la Habana donde se gradúa como bailarina con honores en el año 2011.

A continuación, audicionó para llegar junto al maestro Victor Ullate permaneciendo un año en Madrid, para finalmente entrar como aprendiz en el Ballet David Campos, de Barcelona. Pero en esta compañía, Triana asciende vertiginosamente hasta convertirse en bailarina del cuerpo de baile, e inmediatamenente logra el rango de bailarina solista. En la actualidad, continúa su labor profesional de la mano de David Campos como bailarina y profesora de la Escola de Ballet David Campos. Nos cuenta que se encuentra plenamente satisfecha junto al maestro David Campos e Irene Sabas, dado el distinguido prestigio de la dirección y la calidad coreográfica de sus representaciones.

Cabe destacar, que en su paso por la Escuela Nacional de Ballet de Cuba, estuvo bajo la dirección de Ramona de Saa y ha sido alumna de otros notables maestros como Laura Domingo y Ester García en técnica clásica, Marta González, Marta Iris Fernández, Elena Cangas en repertorio, Teresita Iglesias en preparación física y Ninet Durán en el estudio de variaciones. Y por supuesto, al gran maestro Fernando Alonso como regidor de clases y ensayos.

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Triana Botaya. Fotografía de Marta Arjona / Danspxl

Asimismo, en su amplia trayectoria escénica cuenta con papeles como Clara del Cascanueces, Torera del Quijote, las Willis de Giselle, Paquita, Esclava del Corsario, y en repertorio neoclásico,  RockRequiem, Fausto y Passos i Enllaços, entre muchas otras interpretaciones.

Su mayor deseo es continuar bailando y creciendo como bailarina, y tal vez en el futuro, se perfila como coreógrafa dada su innata capacidad creativa. Pero sobre todo está muy agradecida al apoyo familiar – fundamental para las jóvenes bailarinas – y a la cálida acogida en la compañía de David Campos, donde entrena muchas horas diarias además de combinar su actividad docente en la escuela de ballet donde ejerce como profesora de cuatro cursos.

Fotografía Danspxl

En el próximo artículo hablaremos sobre su experiencia con los productos de Sansha, si eres aspirante a bailarina no pierdas la oportunidad de conocer sus opiniones y consejos. Suscríbete al blog o sígueme en Facebook o Twitter para no perderte ni un solo detalle.

Triana Botaya López
Ballet David Campos Escola de Ballet David Campos

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El ballet en Internet: ¿calidad o cantidad?

Todo apunta a que la cantidad prevalece sobre la calidad, y también es cierto que la popularidad del ballet  en Internet a en los últimos 15/20 años ha producido un incremento de público que puede acercarse desde su hogar al mundo del ballet que antes solo estaba reservado a unos pocos – al menos en España -.

Pero ¿qué calidad de contenidos tiene a disposición el principiante interesado? ¿saben éstos que espacios virtuales deben seleccionar y que es lo más adecuado para aprender? La respuesta casi siempre es ‘no’. La multiplicidad y auge de redes sociales, blogs y videos, a menudo no nos sugiere si el autor es competente o está cualificado en la materia, de modo que abunda gran variedad de personajes anónimos – que con seudónimos o eslóganes tan simplistas como ‘ballet pasión’, ‘love ballet’ (y otras cosas por el estilo)- atraen a cantidad de seguidores llevados por el desconocimiento ingenuo de no saber distinguir temáticas de calidad. Y no hay que dejar de mencionar el lado más aborrecible de ciertos ‘youtubers’ (nueva tribu de desconocidos mediáticos que despuntan en al red de manera aleatoria y sin mérito que lo acredite) que arrojan palabrotas y groserías corriendo el grave riesgo de que a todos los que estamos en esta disciplina profesionalmente se nos confunda de manera errónea y se nos incluya ‘en el mismo saco’. La mediocridad se impone notoriamente.

Por otra parte, pareciera que el nuevo público tiene un perfil que se inclina a apreciar más la habilidad acrobática sobre la calidad artística, de modo que la imagen de una jovencilla con la pierna en la oreja tiene más ‘likes’ o visitas que una étoile reconocida. Y como la mayoría del reciente público conoce más bien poquito, estos aficionados que suben contenidos sin elaboración o selección a la red pueden llegar a obtener más seguidores que el mismísimo ABT. Claro que hay que dar lugar a la promoción de estudiantes con futuro, escuelas dignas y bailarines destacados, pero nunca confundir el ballet clásico con la acrobacia circense, o hacer del ballet un género de categoría basura donde cualquiera se convierte en disertante cuando ni siquiera puede hablar con propiedad, o no respeta la formalidad del lenguaje hacia los receptores. Definitivamente esto es incompatible con la educación y la etiqueta de la danza clásica.

En fin, esta difusión descontrolada y vulgaridad de la danza en algunos medios nos sitúa en el compromiso de vernos perjudicados aquellos que intentamos mantener la calidad y conservación de los valores propios de este arte, y que muchos personajes extraños han hecho suyo sin justificación alguna. Pero también es preciso valorar el lado mas positivo de esta expansión al estar en contacto con grandes compañías, portales y revistas profesionales, noticias de actualidad, artistas de renombre: solo se trata de saber escoger sin caer en lo mezquino u ordinario, y en la soledad frente a un ordenador el nuevo público no lo tiene nada fácil. Para reflexionar.

Maria Doval