Clase de Ballet

Las bases de un développé

En la barra o en el centro, este movimiento de singular belleza que suele ejercitarse en los ejercicios de adagio, requiere la práctica y las bases precisas para que sea posible ejecutarse de la manera correcta.

Pensemos por un instante que si le pidiéramos a una persona cualquiera que pasa por la acera que nos haga un développé, el espectáculo sería estrepitoso.  Porque? porque debemos tener en cuenta que si no se conocen o se ejercitan ciertas pautas es humanamente imposible desarrollar este movimiento satisfactoriamente. Si bien al alumno le puede parecer mecánico y absolutamente normal y rutinario, este paso requiere una técnica específica que repasaremos a continuación:

1). Antes de partir, debemos tener pleno conocimiento de lo que es un passé o retiré y de como se hace. Un développé siempre nace de un passé, ya que necesita un punto de partida para desarrollarse. De lo contrario, no sería un développé.

En este punto, es fundamental tener desplazado el eje del cuerpo sobre la pierna de apoyo y asegurarse de que estamos firmes conteniendo la musculatura abdominal, estirando mucho, muchísimo la rodilla de la pierna de abajo, y no relajar los brazos. A la hora de hacer un développé hay que estar erguido, (sin tensiones innecesarias), con la idea virtual de que voy a tocar el cielo con mi développé.  Si permitimos que  los músculos se dejen llevar por la fuerza de la gravedad o se relajen , sería imposible elevar un développé ni una sola pulgada.

2).  Debemos tener claro hacia que dirección vamos a desplegarlo: dévant, séconde o derrière. Aquí juegan un papel clave los talones y las rodillas. El talón va a dirigir el despliegue en avant y  la séconde, y la rodilla va a guiar el despliegue en arrière. Porque? porque el talón de las bailarinas en los developpés dévant y séconde siempre quieren salir primero y mirar al público ( y mantener el en-dehors técnicamente hablando) Lo mismo ocurre con la rodilla en un développé hacia atrás: si mi talón saliera primero, el développé sería tan horroroso como el de la señora de la acera que hablábamos en párrafos anteriores.

3). Antes de sacar el développé, dijimos que hay que sentirse firmes. Si no estamos firmes, el développé será titubeante, y en el peor de los casos – y estando en el centro – la pierna de trabajo va a caer en picado haciendo de nuestro adagio un auténtico desastre. Y si no estamos firmes en la barra, nos aferraremos a ella como a un clavo ardiendo y eso no está permitido.

No obstante, no debemos obsesionarnos con la altura en los primeros tiempos. Yo prefiero que os obsesionéis con una buena postura y un buen passé, que con tiempo la pierna va subiendo con el trabajo y con el ejercicio.

4). Ahora bien, la pregunta del millón:  De dónde sale la fuerza para mantener en altura un développé?  Pues de la musculatura posterior de los muslos, en la que debemos centrarnos para no forzar en exceso los cuádriceps y acabar a fin de carrera con las piernas de Cristiano Ronaldo.

En definitiva, para hacer un buen développé hay que atender muy bien las correcciones de vuestro maestro, y no está demás echar un vistazo al espejo  En principio, hay que seguir trabajando el equilibrio, controlar mucho la espalda en el passé, y la elongación muscular, base de todo développé bien hecho.

Nota: El correcto estudio de la técnica debe impartirse de forma presencial, de modo que leer éste o cualquier otro artículo no será úitl para aprender un paso de ballet, en cambio si para recordar o consolidar aquello que ya sabe el alumno.

Clase de Ballet

Preballet: accidentes en clase

La clase de ballet es un ámbito que no está exento de posibles accidentes entre los alumnos más pequeños. Aunque la mayoría de los incidentes carecen de importancia, es preciso comprender que los niños no entienden el mecanismo de las caídas y por tanto -más que dolor por el golpe- supone avergonzarse por su torpeza.

La clase de ballet es un espacio de experimentación, donde nuestro cuerpo es la herramienta que vamos a aprender a utilizar, por eso los fallos pueden ocasionar esas pequeñas pupas que en clase de danza tienen un mayor protagonismo que en otras actividades.

A que se debe y que actitud debe tomar el profesor:

Los más peques entienden que el ballet es algo bello y cometer un error evidente a muchos les afecta y les humilla. De modo que a veces puede ser motivo de abandonar la práctica y dejar de asistir a clase. No obstante, no todos los niños tienen esta sensibilidad, pero es posible en ciertos casos. El maestro, si bien no debe restar importancia  (puesto que el niño está dolido), lo que debe hacer es animarlo y comprender la causa de su llanto o su impotencia, y tener presente que sus emociones y las formas de expresarlas son muy diferentes a las de un adulto.

Hay que promover que siga experimentado, pero aportándole fórmulas para evitar los accidentes, teniendo en cuenta que el niño está muy pendiente de la impresión que va a causar a su profesor y a sus compañeros de clase. Pero ojo! darle excesiva importancia ocasionará que algunos puedan hacer uso de estas estrategias para atraer la atención del profesor y conseguir que estemos pendientes de ellos todo el tiempo. Si bien algunos niños se evidencian avergonzados, otros, por el contrario, tienden a proyectar actitudes emocionales opuestas.

Es normal que el cuerpo les juegue alguna mala pasada y les traicione en algún momento ya que los niños están en pleno crecimiento; y comprendamos también que aún no cuentan con  la suficiente madurez para captar con exactitud los movimientos del profesor – dado que la mayoría de las veces apenas consiguen plasmar un bosquejo de lo que podría ser un paso de ballet-, ni tampoco podemos dirigirnos a ellos en términos puramente técnicos.  Lo esencial en este periodo es estimular su coordinación, no exigir más de lo posible (que solo conducirá a fracasos) y promover el desarrollo paulatino de la expresión corporal.

El ballet, al igual que el resto de asignaturas, se aprende de a poco, y se incrementa el nivel de exigencia de acuerdo a su desarrollo psicomotor y cognitivo.

No se trata de hacer un estudio psicológico del alumno, ya que éste no es nuestro cometido como profesores de danza, pero si es preciso atender a los diferentes perfiles del alumno y educarlos en consecuencia fomentando la igualdad y le empatía.

Clase de Ballet

El Grand Battement

Siguiendo en la misma línea de los diferentes battements, el grand battement es uno de los últimos ejercicios que se practican en la barra. Y posteriormente al pasar al centro.

Es un ejercicio de calentamiento y a la vez de control.  Se trata de liberar el ángulo de apertura de las piernas hacia grandes elevaciones en avant, en arrière o a la seconde, pero asegurando constantemente el en dehors (tanto de la pierna de apoyo como de la pierna que se le eleva)  y sobre todo no perder el control de las caderas. En principio, no es importante la altura, sino conservar los criterios técnicos. El ansia por intentar un gran ascenso de las piernas puede causar que el alumno desatienda todas las indicaciones anteriores, y por tanto, el paso estará mal ejecutado. La altura de un grand battement, o bien de un développé, debe trabajarse de a poco, hasta que la técnica esté asimilada y la ejecución se realice correctamente, con naturalidad y a una altura aceptable.

Tampoco debemos olvidarnos de los brazos, hay que guardar su correcta colocación en todo momento, y no poner tensiones innecesarias. Las rodillas de ambas piernas deben mantenerse estiradas. También es muy importante que el torso se mantenga lo más derecho posible y que sean las piernas las que trabajen independientemente. Y como es habitual, el pie de la pierna que se eleva debe estirarse inmediatamente al despegarse del suelo.

Revisa también El Battement Tendu

Nota: El correcto estudio de la técnica debe impartirse de forma presencial, de modo que leer éste o cualquier otro artículo no será úitl para aprender un paso de ballet, en cambio si para recordar o consolidar aquello que ya sabe el alumno.

Zapatillas de Punta

¿Con que edad es ser muy mayor para empezar el trabajo de puntas?

Por Lisa Howell

Hay muchos adultos que deciden tomar clases de ballet en un momento avanzado de su vida, y a menudo se preguntan si podrán progresar en punta. La fuerza y flexibilidad que se exige a los estudiantes jóvenes antes de empezar la punta, es la misma para los adultos. No obstante, existen algunos aspectos a tener en cuenta con los bailarines adultos.

La pregunta de “¿Con qué edad es ser muy viejo para empezar el trabajo de punta?” suele aparecer a  menudo en foros y discusiones de grupos dedicados al entrenamiento de la punta, y es un problema del que no suelen hablar mucho los profesores/fisioterapeutas/autores. Técnicamente hay menos riesgo con los pies de un adulto cuando empiezan en punta ya que sus placas de crecimiento ya están bien asentadas. Sin embargo, existen muy pocos adultos que llevan muchos años sin bailar pero tienen un pie con una forma o fuerza adecuada para bailar en punta.

El problema de la flexibilidad es la mayor dificultad con la que se encuentran los estudiantes maduros cuando intentan alcanzar una completa posición de punta del tobillo, ya que a menudo esto requiere algunos estiramientos de los ligamentos que suelen resultar mucho más fáciles cuando se es más joven. El posible rango en el tobillo también depende enormemente en la movilidad natural de los ligamentos en general. No obstante, a una persona con “hipermovilidad” (relajamiento general de todos los ligamentos del cuerpo) le resultará más fácil de conseguir. Pero debo añadir que he sido testigo de impresionantes mejoras en el rango de pie y tobillo de algunos clientes adultos que he tenido, nada es imposible si realmente se quiere algo.

Los requisitos de fuerza para alumnos de ballet de mayor edad para progresar en punta, suelen ser mayores que los exigidos a un joven bailarín. Esto se debe al hecho de que, en general, la mayoría de los bailarines adultos ¡no son más ligeros que uno de 12 años! El bailarín debe ser capaz de controlar bien los pies en todos los tests, especialmente en fondu, y durante el petit allegro, ya que el pesar más requiere más fuerza en las articulaciones del pie en el salto. La falta de control en el arco, en fondu colocará mucha presión en las rodillas, especialmente en la fina suela redonda de las zapatillas de punta. Otras áreas que también se evalúan mucho son la fuerza en la rotación externa, el rango y el control.

Si un adulto asiste a clases de ballet durante una temporada y trabaja correctamente sus pies en clase, la fuerza requerida en el antepié se desarrollará en poco tiempo. Sin embargo, para el principiante de ballet que aprende a aislar algunos músculos del pie puede tardar más. Nuestro cuerpo desarrolla “patrones de movimiento” que realizamos regularmente, y es importante que el aislamiento del control del pie sea la segunda naturaleza del bailarín antes de empezar el trabajo de puntas. Existen muchas otras cosas en las que pensar mientras se trabaja la punta: el bailarín tiene que ser capaz de controlar fácilmente la posición de sus dedos en las zapatillas  para tener una excelente estabilidad y por consiguiente, una punta segura.

La coordinación que se requiere para controlar el pie en punta, es algo que se desarrolla después de años de baile, y como a cualquier estudiante; se espera que el bailarín adulto asista a clases de baile  como mínimo 3 veces a la semana durante un año. Y lo ideal sería asistir a clases regularmente durante muchos años antes de plantearse empezar el trabajo de punta.

No es imposible que un bailarín adulto de ballet progrese en punta, pero normalmente requiere mucho trabajo y mediación hasta alcanzar esa seguridad.

 

General

Ballet, el arte hecho danza

Por Solange Pérez de Alonzo

El bal­let es una expre­sión artís­tica que por su her­mo­sura y ele­gan­cia se con­vierte en una fan­tasía al inter­pre­tarlo. Más allá del “tutú” y las zap­atil­las de salto envuelve habil­i­dades de gran valor.

Dentro de su del­i­cadeza y sus movimien­tos estiliza­dos, el bal­let clásico –que tiene ori­gen en Europa– es una de las más sub­limes for­mas de baile. En su desen­volvimiento, además de bailar, se inter­preta un papel. Se actúa. Por eso es con­sid­er­ado como una “danza teatral”. La may­oría de los bal­lets clási­cos se basan en grandes obras como: Romeo y Juli­eta, Cas­canue­ces, el Lago de los Cisnes, El Qui­jote, entre otros.

Eje­cu­tarlo es una tarea difí­cil que implica concentración.“Querramos o no es una dis­ci­plina (el bal­let) men­tal y física porque es el arte y el atletismo”, señala Car­los Veitía, Direc­tor de La Acad­e­mia Bal­let Concierto Domini­cano. El artista entiende por ello que la mejor edad para empezar está entre los 6 a 8 años. Hay una etapa pre­via para niños de cua­tro años en ade­lante que es un preám­bulo que los ayuda a prepararse para el primer nivel que es: “Donde comien­zan a apren­der bal­let de lleno”. Lo ante­rior es los que lo amer­i­canos lla­man “baby bal­let” y en las acad­e­mias del país se conoce primero como movimiento cre­ativo y luego pre-ballet, clases en las que el pro­fe­sor enseña lo que a su edad el niño está en capaci­dad de asim­i­lar. Lo que no se recomienda es que pase de los 13 años para ini­ciar las clases, ya que hay una serie de fac­tores físi­cos y men­tales que se deben mane­jar en esta etapa: “Es bueno que tanto el niño como la niña ten­gan el tiempo nece­sario para ir adap­tando este pro­ceso men­tal a su cuerpo” afirma Veitía.

Que los infantes ten­gan un con­tacto desde tem­prana edad despierta en ellos una sen­si­bil­i­dad por el arte y las activi­dades cul­tur­ales. “El arte del bal­let es cultura” como acer­tada­mente lo define el tam­bién coreó­grafo. Nos damos cuenta de que el bal­let no es sólo pirue­tas, saltos y flex­i­bil­i­dad. Todo él encierra grandes acon­tec­imien­tos que lo han for­jado y que lo enrique­cen. Es decir, esta danza envuelve en sí misma una evolu­ción histórica y ha tomado “lo mejor de cada siglo”. Por tanto, su prác­tica inyecta en quienes se vuel­can en él toda su sabiduría.

Al mismo tiempo que los niños se conectan con su belleza, les da seguridad. Los ayuda a con­tro­lar el miedo escénico. Adquieren una dis­ci­plina física por los rig­ores de las clases a las que se some­ten; les da un sen­tido de tra­bajo en colec­tivi­dad e indi­vid­ual, al mismo tiempo que les per­mite famil­iar­izarse con la sociedad artís­tica: a enten­der y apren­der lo que es el arte, a ganar cul­tura. Otros espe­cial­is­tas ase­gu­ran que los niños se vuel­ven más seguros de sí mis­mos y que se sien­ten capaces de tomar sus propias decisiones.

Ahora bien, no todos los infantes se iden­ti­f­i­can con el arte clásico o car­gado de dis­ci­plina como lo es el bal­let. Es impor­tante, tal como lo explica Car­los Veitía, obser­var sus habil­i­dades. Cómo acep­tan y asumen todo tipo de indi­ca­ciones en las clases sobre música, ritmo y movimiento: “no todo el mundo asim­ila eso”. Aclara que su sen­si­bil­i­dad (la del mucha­cho o muchacha) no depende nece­sari­a­mente del nivel social al qué pertenece. Desde siem­pre se ha rela­cionado la danza clásica al género femenino. Pero, ¿qué sucede con los varones que sien­tan el deseo de par­tic­i­par? No debe exi­s­tir ningún pre­juicio. El ori­gen del bal­let siem­pre ha sido mas­culino, pero con el tiempo se ha mal enten­dido. El papel del hom­bre es muy dis­tinto al de la mujer en las rep­re­senta­ciones. El varón aprende otros movimien­tos difer­entes en los que se hace pre­sente la fuerza y la agili­dad masculina.

Las lec­ciones en un momento dado se div­i­den para que desde pequeños cada cual entienda su rol. Veitía explica que en muchos lugares las clases son mix­tas, aunque lo apropi­ado es que sean por sep­a­rado, espe­cial­mente en los primeros años. En cierto momento los mez­clan, y no tiene ningún mal, ya que de por sí en la sociedad el hom­bre y la mujer se rela­cio­nan. Pero siem­pre el mae­stro debe ori­en­tar­los a cada uno según su función.

Los padres no deben tener miedo de que su hijo varón quiera bailar. Por el con­trario, debe apo­yarlo, infundirle con­fi­anza y seguri­dad. No es un asunto que deba pre­ocu­par. Lo estético y lo sofisti­cado no tienen que ver nada con la sexualidad.

Un asunto al que sí debe prestársele aten­ción es a la ali­mentación. A los niños no se les exige que ten­gan un peso bajo porque están en una etapa de for­ma­ción. Sí deben con­tro­lar su peso, mantenerlo, pero cuidando de que no desar­rollen enfer­medades como la anorexia o la bulimia, bas­tante fre­cuentes en esta dis­ci­plina. Veitía dice que las exi­gen­cias son hacia los más adul­tos, pero de algún modo no son tan estric­tos pues los pro­fe­sores han enten­dido que debe tener un peso salud­able y no pre­sion­ar­los, pues queda la posi­bil­i­dad de que en vez de bailarín, el estu­di­ante sea un poten­cial pro­fe­sor o coreó­grafo. Por eso no tien­den a dis­crim­i­nar en un primer momento. Es posi­ble que con los entre­namien­tos el cuerpo del niño vaya tomando forma, y su figura mejore lo sufi­ciente para ser bailarín.

El bal­let es, por tanto, una expre­sión abierta para todos los que sien­tan esa magia que cada ser humano lleva dentro. Deja que tus niños sueñen y toquen las puer­tas del arte a través de esta inolvid­able experiencia.

General

El ballet clásico: el arte suave e intenso

El ballet clásico es un arte que crea adicción, tanto en el espectador como en quien lo ejecuta.

El ballet puede no ser del gusto de todo el público. Sin embargo, aquellos que admiran este arte pueden entender el apasionamiento y la admiración que causa el mismo. No importa si la admiradora o admirador no lo ha practicado o vivido más de cerca, el ballet tiene magia para aquellos que se deleitan con él.

La adicción al ballet

Para quienes lo practican o lo han practicado es todavía más que una caricia para seducir su propia alma. El ballet clásico suele desarrollar en el espectador o en quien lo ejecuta una relación duradera e inolvidable. Sus principales atracciones pueden consistir en esa oposición que existe entre el resultado que se obtiene y cómo se logra, que es a base de esfuerzos y sacrificios.

Los opuestos del ballet

La oposición entre ser suave al contemplarse y fuerte y resistente al ejecutarse. El ser fluido y etéreo cuando se observa en el escenario y el ser repetitivo, constante y terrenal al ensayar los movimientos atrás del escenario. Elegante, sutil y ligero en sus movimientos cuando para lograr la perfección de esos movimientos hubo sudor, dolor e intensidad.

Estricta constancia y disciplina

Cuando se aprecia una ejecución perfecta de una bailarina o bailarín, se suele crear una impresión, que tal delicadeza y fluidez en los movimientos son simples y espontáneos, cuando en realidad llegar a un grado o nivel de perfección para el ejecutante representa una constante y estricta disciplina en su vida. El ballet es un arte que no perdona y el tiempo perdido en la práctica se traducirá en tiempo perdido para la bailarina o bailarín que desean destacar en el campo de este arte.

Actualmente, sin embargo, el ballet clásico puede ser parte del repertorio de grandes y famosas compañías, mas no es la única expresión dancística en su agenda. Lo estricto y preciso de los movimientos del ballet lo hace un arte bastante celoso, en el que la disciplina y la constancia están presentes no solamente dentro del salón, sino también fuera de él.

El arte de los sacrificios

Se dice que los costos, que se traducen en sacrificios de llevar una vida demasiado sana y metódica en las dinámicas de convivencia y alimentarias, son demasiados. Pero no se debe juzgar si es la bailarina o el bailarín quienes han decidido consagrarse a ello.

Finalmente, solo ellos saben que las cotidianidades del buen comer o de la convivencia podrán ser remplazadas por la ejecución pulcra y perfecta ante un escenario en el que 300 horas de repeticiones, cansancio, sufrimiento, resistencia, energía, persistencia, etc, bien valen la pena por los 30 minutos o 2 horas en el escenario.

El aplauso y admiración de los espectadores bien vale la pena, pues se transforma en el mayor reconocimiento del exhaustivo trabajo y en el mejor sabor de boca que cualquiera puede tener: la satisfacción y el sabor del éxito.