El perfil de un bailarín

Una hermosa imagen, capacidad de expresión e interpretación. Para ser un buen bailarín además, se necesita talento y espíritu de superación.

Para convertirse en un bailarín profesional los requisitos suelen ser bastante desmoralizadores para algunos. De hecho, el ballet es una disciplina compleja que requiere de ciertas aptitudes físicas e intelectuales que mucha gente no posee.

Por tanto podemos afirmar que el perfil de un bailarín profesional es muy diferente del perfil de los no profesionales.

En principio, el modelo antropométrico es muy particular, ya que la exigencia de la delgadez y las líneas exclusivamente estilizadas y longuilíneas se imponen. No obstante, es importante valorar el tiempo que el bailarín dedica a la actividad y su intensidad de trabajo, ya que, estos factores intervienen directamente enfatizando esas características físicas y estéticas. El ballet, conocido como una forma de arte laboriosa, necesita de mucho tiempo para la construcción del movimiento según los patrones académicos y su estudio requiere de una escala de factores en concordancia con las etapas de evolución del estudiante, sus facultades físicas y capacidades intelectuales. En definitiva, además de unas cualidades singulares, se necesita trabajo regular y constante.

Tener unas caderas muy anchas, o un elevado porcentaje de adiposidad corporal impide totalmente el avance en la disciplina, o su exclusión. Las características biológicas, la composición y dimensión corporal resultan definitorias para el movimiento, más allá de la práctica.

También resulta importante alcanzar un nivel óptimo y adecuado en los rangos de movimiento. Las limitaciones en la anatomía, fisiología y destrezas motoras en general pueden conducir al fracaso profesional.

El bailarín debe dominar su coordinación y el control de su cuerpo, poseer una gran inclinación musical y orientación espacial, y sobre todo, tener un gran desempeño artístico y la capacidad de soportar presiones frente al público, o frente a un tribunal de examen.

Asimismo, debe contar con suficiente fuerza de voluntad, afán de superación, abnegación, perfeccionismo, eficacia, autoestima, constancia, facultades de comunicación y expresión corporal, y resistencia psíquica, y ha de brindarse un estudio sostenible por medio del cual el alumno pueda desempeñar una técnica depurada en virtud de su desarrollo y edad, del mismo modo que se hace necesario en ocasiones reorganizar cambios en los modelos metodológicos que centren la enseñanza en una construcción lógica, sensata, secuencializada y oportuna del movimiento, y que el maestro se adapte a ella de forma creativa y gratificante, en la medida de lo posible.

A menudo el interés por la danza no dura más de tres o cuatro años, lo cual no resulta equiparable a los años de carrera que se necesitan para bailar. Por lo general, los estudiantes que logran cursar la carrera de bailarín serán exclusivamente los alumnos que presentan aquellas aptitudes intelectuales y físicas necesarias para mantenerse en la danza.

También se suele afirmar que el éxito en la danza se traduce en otras áreas de la vida del estudiante. Pero mi experiencia me señala que generalmente ocurre todo lo contrario: son los estudiantes de éxito los que permanecen en la danza y solo los mejores tienen la capacidad necesaria para abordar los desafíos del ballet en etapas avanzadas. Incluso los estudiantes de ballet son capaces de gestionar el trabajo escolar habitual mucho mejor que los estudiantes corrientes. Y como es natural, destaca el talento de estos individuos sobre los otros aspectos de sus vidas.

El ballet en si mismo no puede formar gente con éxito, si no que se necesita una persona de éxito para dominar el arte ballet. De modo que los resultados de los bailarines no profesionales difieren significativamente de los estudios de bailarines profesionales.

lucia-lacarra-and-marlon-dino
Lucía Lacarra y Marlon Dino. El Lago de los Cisnes, Adagio

Entre los que abandonan la danza están aquellos que eligen bailar como un hobby y se sienten atraídos por la cultura de la danza, pero han dirigido su camino hacia otras metas. No obstante, valoran la actividad y siguen disfrutando con ésta aunque ya no persigan téminos profesionales.

Y luego están aquellos que guardan ciertos resentimientos por haberse sentidos excluidos de la comunidad de la danza, posiblemente por no contar con las condiciones necesarias, ya sea físicas, psicológicas o intelectuales.

También existen familias que temen que sus hijos/as deban hacer demasiado esfuerzo para llegar a ser bailarines (situación bastante más habitual de lo que se pueda suponer). Animarlos a la comodidad, al conformismo y a lo fácil no es forjar el mejor camino en ningún ámbito de la vida. Hasta ahora, existen carreras con mayor o menor grado de dificultad, pero no existe carrera profesional de ninguna índole que no requiera de esfuerzo y dedicación. El entorno social y familiar que habita cada uno también se vincula a sus motivaciones, aunque es este sentido no se puede generalizar, ya que hay bailarines destacados que provienen de círculos extraños al arte.

Por otro lado, el bailarín si bien es un ser especial, esa virtud a menudo lo aleja del resto de las comunidades artísticas o de los entornos habituales por diversos motivos: porque tal vez se siente diferente y no se identifica con los intereses corrientes, o bien, no le atrae la forma de vida que adoptan sectores ajenos a la danza. Si bien esto no debiera ser incompatible, la realidad demuestra lo contrario en muchos casos: el bailarín tiene tendencia al distanciamiento o a aislarse. Y la elección del tipo de actividad que se realiza, está asociado directamente a la personalidad del individuo.

Relacionado:

¿Qué debe tener un buen bailarín?

lucia_lacarra
Lucía Lacarra