Willis a la gallega: La Santa Compaña

Si existe un denominador común entre los códigos de las culturas populares celtas, éste es sin duda las creencias en lo sobrenatural y lo extraño, donde la muerte es parte de lo cotidiano y mitológico.

Resulta fascinante el paralelismo entre nuestra tradicional compañía de la muerte “La Santa Compaña” y la procesión fantasmagórica de las románticas “Willis”, historias que recogen tradiciones ancestrales de nuestros antepasados y expresados a través del arte, la literatura y convicciones folclóricas, éstas últimas, a menudo en el trasfondo del temor y hermetismo popular.

La antigua cultura celta de la península ibérica, refugiada en nuestro territorio, ha atesorado hasta nuestros días una identidad cultural en forma coincidente y simultánea con otros pueblos celtas del centro y norte de Europa, y supo guardar en los confines del antiguo mundo conocido sus más íntimas creencias, a pesar de la dominación romana y la posterior expansión cristiana. Creencias y tradiciones que son el cimiento de nuestra propia historia, más allá de toda fusión, anexión y vinculación con el resto las culturas peninsulares y extranjeras.

LaSantaCompaa

La Santa Compaña es, en nuestra mitología, una procesión de ánimas que por la noche recorren errantes los caminos.

Aunque el aspecto de la Santa Compaña varía según la tradición de diferentes zonas, la más extendida es la formada por una comitiva de almas, vestidas con túnicas blancas que vagan durante la noche. Esta procesión fantasmal forma dos hileras, van envueltas en sudarios y con los pies descalzos. Cada fantasma lleva una vela encendida y su paso deja un olor a cera en el aire. Al frente de esta compañía fantasmal se encuentra un espectro mayor llamado Estadea, nuestra Myrtha particular.

La procesión va encabezada por un vivo (mortal) portando una cruz y un caldero de agua bendita seguido por las ánimas con velas encendidas, no siempre visibles, notándose su presencia por el olor a cera y el viento que se levanta a su paso.
También se cree que quien realiza esa “función” no recuerda durante el día lo ocurrido en el transcurso de la noche, únicamente se podrá reconocer a las personas penadas con este castigo por su extremada delgadez y palidez. No les permiten descansar ninguna noche, por lo que su salud se va debilitando hasta enfermar sin que nadie sepa las causas de tan misterioso mal, del mismo modo en que Albrecht también es condenado.  Los vivos serán sentenciados a vagar noche tras noche hasta que mueran u otro incauto sea sorprendido.

Evidentemente, la coincidencia con los mitos de las culturas centro europeas es extraordinaria, y aunque nuestras willis son algo más rústicas y agrestes, las tradiciones aldeanas de Galicia  siguen conservando todo lo legendario y fascinante que inspiró a aquellos románticos del XIX.

Giselle