El ballet clásico: el arte suave e intenso

El ballet clásico es un arte que crea adicción, tanto en el espectador como en quien lo ejecuta.

El ballet puede no ser del gusto de todo el público. Sin embargo, aquellos que admiran este arte pueden entender el apasionamiento y la admiración que causa el mismo. No importa si la admiradora o admirador no lo ha practicado o vivido más de cerca, el ballet tiene magia para aquellos que se deleitan con él.

La adicción al ballet

Para quienes lo practican o lo han practicado es todavía más que una caricia para seducir su propia alma. El ballet clásico suele desarrollar en el espectador o en quien lo ejecuta una relación duradera e inolvidable. Sus principales atracciones pueden consistir en esa oposición que existe entre el resultado que se obtiene y cómo se logra, que es a base de esfuerzos y sacrificios.

Los opuestos del ballet

La oposición entre ser suave al contemplarse y fuerte y resistente al ejecutarse. El ser fluido y etéreo cuando se observa en el escenario y el ser repetitivo, constante y terrenal al ensayar los movimientos atrás del escenario. Elegante, sutil y ligero en sus movimientos cuando para lograr la perfección de esos movimientos hubo sudor, dolor e intensidad.

Estricta constancia y disciplina

Cuando se aprecia una ejecución perfecta de una bailarina o bailarín, se suele crear una impresión, que tal delicadeza y fluidez en los movimientos son simples y espontáneos, cuando en realidad llegar a un grado o nivel de perfección para el ejecutante representa una constante y estricta disciplina en su vida. El ballet es un arte que no perdona y el tiempo perdido en la práctica se traducirá en tiempo perdido para la bailarina o bailarín que desean destacar en el campo de este arte.

Actualmente, sin embargo, el ballet clásico puede ser parte del repertorio de grandes y famosas compañías, mas no es la única expresión dancística en su agenda. Lo estricto y preciso de los movimientos del ballet lo hace un arte bastante celoso, en el que la disciplina y la constancia están presentes no solamente dentro del salón, sino también fuera de él.

El arte de los sacrificios

Se dice que los costos, que se traducen en sacrificios de llevar una vida demasiado sana y metódica en las dinámicas de convivencia y alimentarias, son demasiados. Pero no se debe juzgar si es la bailarina o el bailarín quienes han decidido consagrarse a ello.

Finalmente, solo ellos saben que las cotidianidades del buen comer o de la convivencia podrán ser remplazadas por la ejecución pulcra y perfecta ante un escenario en el que 300 horas de repeticiones, cansancio, sufrimiento, resistencia, energía, persistencia, etc, bien valen la pena por los 30 minutos o 2 horas en el escenario.

El aplauso y admiración de los espectadores bien vale la pena, pues se transforma en el mayor reconocimiento del exhaustivo trabajo y en el mejor sabor de boca que cualquiera puede tener: la satisfacción y el sabor del éxito.