El ballet es una expresión artística que por su hermosura y elegancia se convierte en una fantasía al interpretarlo. Más allá del “tutú” y las zapatillas de salto envuelve habilidades de gran valor.
Dentro de su delicadeza y sus movimientos estilizados, el ballet clásico –que tiene origen en Europa– es una de las más sublimes formas de baile. En su desenvolvimiento, además de bailar, se interpreta un papel. Se actúa. Por eso es considerado como una “danza teatral”. La mayoría de los ballets clásicos se basan en grandes obras como: Romeo y Julieta, Cascanueces, el Lago de los Cisnes, El Quijote, entre otros.
Ejecutarlo es una tarea difícil que implica concentración.“Querramos o no es una disciplina (el ballet) mental y física porque es el arte y el atletismo”, señala Carlos Veitía, Director de La Academia Ballet Concierto Dominicano. El artista entiende por ello que la mejor edad para empezar está entre los 6 a 8 años. Hay una etapa previa para niños de cuatro años en adelante que es un preámbulo que los ayuda a prepararse para el primer nivel que es: “Donde comienzan a aprender ballet de lleno”. Lo anterior es los que lo americanos llaman “baby ballet” y en las academias del país se conoce primero como movimiento creativo y luego pre-ballet, clases en las que el profesor enseña lo que a su edad el niño está en capacidad de asimilar. Lo que no se recomienda es que pase de los 13 años para iniciar las clases, ya que hay una serie de factores físicos y mentales que se deben manejar en esta etapa: “Es bueno que tanto el niño como la niña tengan el tiempo necesario para ir adaptando este proceso mental a su cuerpo” afirma Veitía.
Que los infantes tengan un contacto desde temprana edad despierta en ellos una sensibilidad por el arte y las actividades culturales. “El arte del ballet es cultura” como acertadamente lo define el también coreógrafo. Nos damos cuenta de que el ballet no es sólo piruetas, saltos y flexibilidad. Todo él encierra grandes acontecimientos que lo han forjado y que lo enriquecen. Es decir, esta danza envuelve en sí misma una evolución histórica y ha tomado “lo mejor de cada siglo”. Por tanto, su práctica inyecta en quienes se vuelcan en él toda su sabiduría.
Al mismo tiempo que los niños se conectan con su belleza, les da seguridad. Los ayuda a controlar el miedo escénico. Adquieren una disciplina física por los rigores de las clases a las que se someten; les da un sentido de trabajo en colectividad e individual, al mismo tiempo que les permite familiarizarse con la sociedad artística: a entender y aprender lo que es el arte, a ganar cultura. Otros especialistas aseguran que los niños se vuelven más seguros de sí mismos y que se sienten capaces de tomar sus propias decisiones.
Ahora bien, no todos los infantes se identifican con el arte clásico o cargado de disciplina como lo es el ballet. Es importante, tal como lo explica Carlos Veitía, observar sus habilidades. Cómo aceptan y asumen todo tipo de indicaciones en las clases sobre música, ritmo y movimiento: “no todo el mundo asimila eso”. Aclara que su sensibilidad (la del muchacho o muchacha) no depende necesariamente del nivel social al qué pertenece. Desde siempre se ha relacionado la danza clásica al género femenino. Pero, ¿qué sucede con los varones que sientan el deseo de participar? No debe existir ningún prejuicio. El origen del ballet siempre ha sido masculino, pero con el tiempo se ha mal entendido. El papel del hombre es muy distinto al de la mujer en las representaciones. El varón aprende otros movimientos diferentes en los que se hace presente la fuerza y la agilidad masculina.
Las lecciones en un momento dado se dividen para que desde pequeños cada cual entienda su rol. Veitía explica que en muchos lugares las clases son mixtas, aunque lo apropiado es que sean por separado, especialmente en los primeros años. En cierto momento los mezclan, y no tiene ningún mal, ya que de por sí en la sociedad el hombre y la mujer se relacionan. Pero siempre el maestro debe orientarlos a cada uno según su función.
Los padres no deben tener miedo de que su hijo varón quiera bailar. Por el contrario, debe apoyarlo, infundirle confianza y seguridad. No es un asunto que deba preocupar. Lo estético y lo sofisticado no tienen que ver nada con la sexualidad.
Un asunto al que sí debe prestársele atención es a la alimentación. A los niños no se les exige que tengan un peso bajo porque están en una etapa de formación. Sí deben controlar su peso, mantenerlo, pero cuidando de que no desarrollen enfermedades como la anorexia o la bulimia, bastante frecuentes en esta disciplina. Veitía dice que las exigencias son hacia los más adultos, pero de algún modo no son tan estrictos pues los profesores han entendido que debe tener un peso saludable y no presionarlos, pues queda la posibilidad de que en vez de bailarín, el estudiante sea un potencial profesor o coreógrafo. Por eso no tienden a discriminar en un primer momento. Es posible que con los entrenamientos el cuerpo del niño vaya tomando forma, y su figura mejore lo suficiente para ser bailarín.
El ballet es, por tanto, una expresión abierta para todos los que sientan esa magia que cada ser humano lleva dentro. Deja que tus niños sueñen y toquen las puertas del arte a través de esta inolvidable experiencia.
